"Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un «¡Ahhh!»", Jack Kerouac


martes, 22 de mayo de 2012

Explicaciones varias

En estos días volví a darle vueltas a un asunto que es, en realidad, una de las grandes dudas transcendentales e irresolutas de la humanidad: ¿qué hay después de la muerte?

Bueno, en verdad para mí esto no es ningún tipo de duda, debido a mi carácter más tirando a taoísta: detrás de la vida no hay nada. Es más, no entiendo por qué ha de haber algo. La gente espera que cuando se mueran alguien les diga algo como bienvenido al paraíso, vas a reunirte con tus seres queridos muertos y van a pasarlo genial. Tengo mil formas para refutar estos pensamientos, pero me voy a centrar ahora en la más básica: ¿de verdad necesitas para dar sentido a tu existencia que te digan que al morir va a venir algo mejor? Entiendo perfectamente este pensamiento en la antigüedad, donde vivías y morías a una velocidad asombrosa, pero creo que hoy día tenemos motivos de sobra para querer vivir por vivir, y no como mero camino hacia una existencia en el paraíso.

No quiero hacer de esto un compendio refutando a la fe cristiana sobre su pensamiento, porque cuando alguien te dogmatiza en un pensamiento, difícilmente vas a poder pensar en otra cosa (por suerte, siempre me he mantenido lejos de dogmas, políticos y religiosos). Pero creer que existe un ser superior que lo rige todo y a todos me resulta un tanto peculiar, especialmente cuando la gente le reza. Existen cientos de cosas que no sabemos y sobre las cuales posiblemente nunca podremos saber nada, pero eso no quiere decir que pensamientos escritos en otros milenios sobre dioses y mitos nos vaya a arrojar soluciones al asunto. Especialmente cuando antes que esos ya había otros dioses y otros mitos, más antiguos y tan reales como los actuales. Es mucha casualidad que todas las civilizaciones tengan al menos una fe que habla sobre uno o varios dioses, y todos se enfrenten al resto por la legitimidad del asunto. Lo mejor, lo que siempre digo, tener fe en uno mismo y en los de su alrededor, y vivir correctamente esta vida, porque sólo tenemos esta y, qué queréis que os diga, no creo que esté tan mal como para tener que inventarme historias sobre a dónde voy a ir después de morir.

Pero en realidad este no era el tema que iba a tratar, eso simplemente han sido comentarios que debía poner y que no me canso de repetir una vez tras otra aunque no espere que vaya a convencer a ninguna persona adoctrinada sobre el asunto. Lo que realmente quería tratar es el asunto realmente importante: ¿dónde estamos antes de nacer?

Es una pregunta que rara o ninguna vez nos hacemos, por la sencilla razón de que ya ha ocurrido, y como tal, nos da igual. Nos preocupa la muerte (que de hecho, sin ella no podría existir ningún concepto de vida, pero ese es otro tema) pero nos despreocupa saber de dónde hemos salido.

No sé lo que dice ninguna fe al respecto, pero si tenemos en cuenta la teoría cristiana del paraíso, lo más lógico (aunque a saber dónde queda la lógica en temas religiosos) sería pensar que tal paraíso forma un sistema cerrado con el mundo normal, que transmite energía (digamos alma, que es un término interesante) para los niños que nacen, y recibe energía de los que mueren. Eso es muy similar a lo que pienso, pero centrándose en el hecho de que es energía pura y dura, digamos electricidad.

Es un tema complejo incluso de explicar, pero imaginemos que toda la energía se almacena en un lugar desconocido, o en el universo, o en la tierra... donde más se prefiera. Bien, supongamos ahora que nace un niño, y como bien sabemos todos el ser humano necesita de algo que mueva al cuerpo, es decir, una corriente eléctrica que envíe órdenes entre neuronas para llevar a cabo actos. Energía, en definitiva. Tal energía cumple sus funciones durante la vida, y cuando el cuerpo envejece y muere, la energía puede ocurrir con ella dos cosas.

Y antes de seguir, hago un breve inciso. Esto es un breve ensayo para explicar diversas cosas que la ciencia no puede explicar directamente, así que tiene cierto carácter especulativo. Lo digo porque puede haber personas que a estas alturas se estén llevando las manos a la cabeza. Bueno, las religiones llevan promulgando algo peor durante milenios, así que tampoco estoy tan desencaminado en el asunto visto así.

Como decía, ocurren dos cosas, que no creo que sean excluyentes. La energía vuelve a ese sistema primigenio, ese depósito de energía, para volver más tarde a otro cuerpo. Una parte, un remanente, puede quedar atascado en este mundo (todo sistema tiene ineficiencias), que es lo que llamamos fantasmas (y repito como siempre que yo sólo me baso en hechos en estos temas). Sobre la energía que queda atascada, retenida, que no quiere ir... digamos lo que sea sobre ella, sencillamente queda en el lugar, y poco más se puede añadir.

La otra parte, es más interesante, porque aquí tenemos que asumir una cosa que no necesariamente ha de ser cierta. Vale, nada de lo que he dicho tiene que ser necesariamente cierto, pero sigue una lógica. Debemos asumir que dicha energía aprende. Mejor dicho, recuerda. Esto es una parte importante, por dos razones fundamentales. La primera es la explicación de las teorías de la reencarnación en otra vida. Están demostrados casos de personas que recordaban perfectamente otras vidas, aunque es bastante especulativo y malamente demostrable. La segunda razón fundamental es la explicación de por qué a veces miramos a ciertas personas y sentimos que tenemos en común algo más allá de lo expresable. No me refiero sólo a que nos guste, sencillamente me refiero a que por alguna extraña razón cuando está cerca sientes que en tu pecho algo cambia.

Sí, por supuesto que esto puede explicarse de otras mil maneras distintas, pero realmente me apetecía hacer una entrada de este tipo, con mayor o menor especulación por mi parte. Da para mucho más el tema, sólo con seguir el razonamiento llevado a cabo, pero he preferido cortar ya el asunto, porque estaba empezando a alargarme demasiado, y yéndome un poquito del tema.

Así que, sencillamente, me despido. He releído parte del texto, y me he dado cuenta que no he explicado como me hubiese gustado todo lo relacionado con el tema principal, que era dónde estamos antes de nacer, pero creo que es una entrada interesante. Se agradecen comentarios y subscripciones.





Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

lunes, 21 de mayo de 2012

Las verdades que callas

Son de esas cosas que siempre me han hecho una gracia irónica y mordaz, y que forman ese conjunto de cosas que llamo la hipocresía de la democracia, por darle un nombre en consonancia con lo que realmente creo.

Veamos, cómo puedo decirlo sin que suene demasiado duro (porque en realidad no es mi objetivo culpar a nadie, creo que debemos tener todos la conciencia muy tranquila y actuar como realmente creemos). Sí, hoy, ahora, mientras yo estoy aquí sentado, escribiendo, y vosotros estáis ahí en vuestras casas, leyendo, muere gente en el mundo. Mucha gente, en realidad, desde niños hasta ancianos, por hambre, enfermedad, guerra, odio o cualquier causa. Realmente creo que las sociedades actuales, no tienen ni idea de esto. Para alguien de una sociedad actual, las personas sólo mueren cuando encienden la tele y ahí aparecen, muriendo, por cualquier causa. Entonces es cuando pasan a ser "los pobres negritos de África", "los pobres niños-esclavos de Bangladesh", etcétera. Entonces, cuando estamos ahí, cenando, y nos meten por la boca esas imágenes que son el pan de cada día del mundo, es cuando sentimos lástima, y en un arrebato de solidaridad hipócrita, decimos cosas tales como "el mundo es un asco", "no hay justicia en este planeta", "¿no hay nadie a los que les importe?". Esta última me encanta. Es la expresión última de la hipocresía de Occidente. En cuanto vemos algo que no nos gusta, nos levantamos y, haciendo ese alarde de honor, buscamos a alguien a nuestro alrededor para que solucione el asunto. ¿Qué podemos solucionarlo por nosotros mismos? Ah, ya, pero es que a mi no me hacen caso, somos demasiado pocos, demasiado débiles, etcétera.

A muchos de los que estáis aquí, leyendo esto, os sonarán, seguro, esas frases, de haberlas dicho vosotros mismos, ¿verdad? Y es genial, porque cuando ahora, te hacen tener que pagar por la Sanidad Pública, te indignas entero, y gritas al mundo lo indignado que estás de que tengas que pagar por algo que cientos de millones de personas en el mundo ni siquiera reciben (ni gratis, ni de pago). Por supuesto, soy el último que desearía proteger ninguna de las medidas llevadas a cabo en España, pero seamos realistas, damos asco.

Damos asco porque, en definitiva, nos importa una mierda lo que le ocurra al África negra, o a esos niños de Bangladesh. No, no digamos ahora que esto es mentira, que somos todos muy comprometidos en la lucha del hambre en el mundo, o somos muy verdes, o cualquiera de estas tendencias de las cuales nos gusta tener una chapita para enseñar a nuestros amigos y decir, "sí, yo contribuyo con el mundo, me parece increíble que tú no lo hagas". Por favor, dejemos esas hipocresías. Asumamos la realidad, de media, nos da igual el resto de países y de personas más allá de aquellos a los que consideramos importantes. Muchas veces, nos da igual todo el mundo más allá de nosotros mismos.

Si a estas alturas sigues leyendo, y lo haces con un sentimiento de culpabilidad en el pecho, no vas a solucionar absolutamente nada. Olvídate de la culpa, ¿por qué te vas a sentir culpable? ¿De qué sirve? ¿De que te acuerdes de esta entrada durante unos días, y al final "se te pase"? Es tu naturaleza, no puedes hacer nada al respecto. Pero la próxima vez que veas a un niño muriéndose de hambre, asume que, en el fondo, es tu culpa, que tú estás aquí, con tus lujos, quejándote de vicio, y el mundo, la mayor parte, se muere. Tú sigue luchando por tus derechos, pero mantén siempre en mente que hay millones de personas por las que nadie va a luchar nunca. Cuando el Estado te recorte en Sanidad y Educación Públicas, piensa que es un lujo. "Sí", podrás responder, "pero es mi derecho como español". Claro, es cierto, has tenido la enorme suerte de nacer en España, en la parte buena del mundo. Nadie querría nacer en la cara mala, ¿verdad?

Algunos podrías echarme en cara lo mismo a mí, pero creedme cuando os digo que yo tengo la conciencia tranquila. Sé perfectamente que a todas horas mueren personas en el mundo, por eso me muestro indiferente cuando en las noticias me muestran aquellos que tienen la enorme suerte de tener un equipo de reporteros delante, o que son ayudados por la Cruz Roja o los cascos azules. Cada vez que veo eso, me recuerdo que, a cien kilómetros, hay una familia exactamente igual que la que sale en pantalla, pero con la enorme diferencia de que se está muriendo. Esa es la parte que no enseñan las cámaras. Cuando te muestran esos niños saltando de alegría cuando llega la ayuda internacional, más al norte, o al sur, o donde sea, unos niños soldados están arrasando un pueblo.

Podríais decir que,si me muestro indiferente, con la conciencia tranquila, soy una especie de máquina sin sentimientos. Pero os puedo prometer que no hay segundo que mi alma no se sienta pesada, y mi mirada se aleje al horizonte, preguntándome qué hago yo aquí, labrándome mi futuro, si queda tanto por hacer en este mundo, si hay tantas personas que jamás han tenido ni la posibilidad de poder comenzar a labrarse un futuro. Si hay tantas personas sin futuro alguno, que no pasarán de esta noche. 

Esto no es para que os vayáis a lanzar a afiliaros a la Cruz Roja, o a Vicente Ferrer, o digáis en alto lo mal que está el mundo, u os arrepintáis. Ni muchísimo menos. Con que lo mantengáis en la cabeza, y sepáis que vuestra naturaleza está lejos de querer ayudar a aquellas personas, está todo correcto. Con que dejéis de ser unos hipócritas, está todo correcto. Con que sepáis que a cada segundo mueren miles de personas, está todo correcto. Es el mundo que nos ha tocado vivir, y nos ha tocado hacerlo en la parte buena, ¿verdad?

Sí, nos merman nuestros derechos a cada día, pero si tan sólo alguno de nosotros pudiera llevar la mitad de nuestros derechos perdidos a todo el mundo, podría morir totalmente tranquilo.



Pero, al fin y al cabo, la solidaridad no existe, es un invento occidental para mantener nuestra conciencia tranquila.






Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

domingo, 20 de mayo de 2012

Vamos

Entrada número veinte, y ayer ha habido un pico de cincuenta visitas a este blog. Es genial, porque usualmente tenía cosa de veinte, o algo así. Pero lo mejor de todo es que, poco a poco, voy sabiendo el nombre y apellidos de aquellas personas que me leen, y eso me gusta aún más.

Van once entradas desde que decidí retomar el blog. Once entradas en doce días, si mal no recuerdo, lo cual es sorprendente para mi, porque nunca he sido capaz de mantener nada más allá de una semana, a lo sumo. y la verdad que cada vez me gusta más la idea de continuarlo, ya que hay gente a la cual le gusta lo que escribo, que me lo ha dicho directamente y que me ha motivado a seguir adelante con este miniproyecto.

Iba aquí una parrafada interesante sobre la motivación y diversos temas, pero he decidido finalmente quitarla, porque, en parte, no procedía lo que iba diciendo en ella.

Así que creo que sencillamente voy a hablar sobre por qué me gusta reunirme con amigos que hace mucho tiempo que no veo, o hablo, o simplemente sé algo de su vida. Me gusta porque, por mucho tiempo que pueda pasar, las cosas van a seguir igual, y eso es algo que no siempre se puede decir al respecto. La mayor parte de las veces, una amistad que no te preocupas en mantenerla hablando o quedando cada dos meses, digamos, es una amistad que terminas perdiendo. Pero en realidad, siempre hay un núcleo de amigos que se mantienen, pase el tiempo que pase, lo que ocurre es que el mayor problema es que a menudo, no sabes quiénes son, confundes amigos "nucleares" con amigos "periféricos", que vas a terminar perdiendo tarde o temprano, o dejas que amigos nucleares se vayan pensando que son periféricos, y al final, cuando regresan, te das cuenta de que pueden formar parte de tu núcleo.

Al fin y al cabo, el tiempo pone a cada uno en su lugar.



Y termino diciendo, Garrido, felicidades, que la brisa de la primavera de la vida meza las más bellas flores a tu voluntad =)





Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

sábado, 19 de mayo de 2012

Comunicación

Si me preguntasen qué valoro de una relación hoy día, sin duda diría que la comunicación. Me parece una parte tan vital, que si no existiera de manera fluida, no creo que pudiese existir ninguna pareja de forma estable.

Al fin y al cabo, qué más da todas las cosas que puedan tener en común una pareja, si al final tienes que recurrir a terceras personas para contarle lo que no te gusta de él/ella, o lo que te gustaría hacer en vez de una cosa, o lo que sea. Si te tienes que quejar, quéjate a la otra parte, al fin y al cabo, ¿quién te va a entender mejor que alguien que te quiere y que le gustaría mejorar?

Es por eso que, si me preguntasen sobre el tema, diría siempre que no hay nada como ver en estado puro a las personas. Cuando son como les gusta ser, es cuando realmente merecen la pena y cuanto más disfruto, y esto se aplica a mis amigos también. Al fin y al cabo, sólo me interesan las personas que están locas, y que están locas de verdad, con las cuales puedo decir lo primero que se me pase por la cabeza a gritos y no me van a mirar raro, y al segundo siguiente nos vamos a enfrascar en una conversación política o filosófica de gran transcendencia, con ese alarde de genialidad que nos encanta tener dentro de la locura.

O poder escribir versos, y enseñarlos, o recitarlos, y saber que hay gente que se maravilla, y que se derrite, y que realmente dice de todo corazón que les gusta. No puedo ni decir lo bien que me siento en esos momentos. Cuando oigo que mi poesía gusta, o veo que la sonrisa aparece como el sol en un amanecer de verano en tu cara, no puedo ni describir toda la alegría que me embarga.

Por eso la comunicación es tan importante, porque si algo tengo claro es que no quiero callarme ni una frase, ni una palabra, ni un verso.

No os calléis nada nunca, al fin y al cabo, a quién realmente le importáis va a encantarle ver que sois  siempre sinceros con el mundo y con vosotros mismos.





Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

viernes, 18 de mayo de 2012

El mundo es pequeño

Había comenzando como una especie de broma, o locura, o sueño, llamémoslo como queramos. Pero, de una manera o de otra, estaba mirando habitaciones hoteles de Vietnam. Y no sabía muy bien por qué, pero cada vez me parecía una idea más atrayente.

No solamente Vietnam, sino en general todos estos destinos que nos suenan tan exóticos. Son lugares perfectos para olvidarte de quién eres y sencillamente dejarte llevar por el ritmo local, por otra cultura, ser el extraño allí, el extranjero.

De alguna manera, a cada día que pasaba me veía más dispuesto a ir a estos lugares durante el verano. Estos u otros en realidad, pero me gusta la idea de saber que mil euros aquí significan más de veintiséis millones de dong en Vietnam. Es decir, son tan baratos, que sencillamente te puedes despreocupar de a dónde vas, de lo que quieres hacer, y de lo que te gusta comprar: simplemente lo haces. Y eso siempre acompaña, especialmente cuando no sabes cuánto vas a tener que pagar de matrícula el año que viene, y los gastos que vas a tener en una economía en constante declive. Poder viajar sin preocupaciones monetarias, disfrutando del ambiente, es esencial para olvidarte durante unos días de tu posición en la sociedad occidental.

Y sinceramente, no me importaría ir sólo. Me encantaría ir en la mejor compañía, pero ir a la aventura me parece entretenido, especialmente si viajo al Tibet, o a algunos de esos lugares donde sé que me puedo poner a llorar sencillamente por el hecho de estar observando algo superior. Hay lugares demasiado impresionantes como para quedarse indiferente ante su belleza o magia.

Y me voy a despedir, no con una imagen de Vietnam, sino del Tibet, del palacio de Potala, que me parece maravilloso, a pesar de su simplicidad. Yo mientras tanto, seguiré soñando.







Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

jueves, 17 de mayo de 2012

Sueños y cartas

Hoy me había levantado con un extraño sueño en la cabeza. Tan sólo recordaba una imagen del mismo, pero era bastante extraña ciertamente.

Sobre el tema de los sueños, siempre he sido escéptico. Para comenzar, diré que no es un tema del que sepa gran cosa, pero lo que sí sé es que no siempre un sueño es interpretable. Soñar con suspender el día antes de un examen tan sólo implica el miedo que tiene tu subconsciente a ese examen. Lo mismo ocurre con las cosas que nos gustan, soñar con ellas tan sólo puede ser el anhelo de poseerlas.

Yo prácticamente nunca he tenido sueños de esos tipos (todos mis sueños me los creo despierto). Para bien o para mal, apenas sueño (o apenas recuerdo lo que sueño que, en definitiva, me llevan al mismo lugar ambas frases), y cuando lo hago suelo atender bastante a la interpretación, precisamente porque se trata de algo extraño. Mis sueños suelen reducirse a una serie de los mismos durante una semana o dos al año, de forma continuada durante varios días, y después como vinieron, desaparecen.

Pero a pesar de todo, esta vez no he mirado la interpretación de mi sueño, por un sencillo motivo: no quiero meter fantasmas en mi cabeza. De un tiempo a esta parte, he vuelto a usar el tarot, y me ha dicho perfectamente qué estaba ocurriendo y hacia dónde iba todo, no sin plantearme mis dudas en ciertas ocasiones. Pero viendo donde estoy, no quiero saber hacia donde voy a ir.

A menudo la gente me dice "yo no creo en estas cosas". Bueno, yo sólo creo en lo que he visto, es una frase que uso a menudo para referirme al tema. No es que crea que el tarot me vaya a predecir el futuro, es que ya lo ha hecho (y de una forma casi mágica).

Eso sí, hay que huir de toda esa calaña de gente que quiere hacer dinero con el futuro de las personas, o que cree que sabe tirar o interpretar las cartas. Hay que saber en el tema, y no es cuestión de cuanto más vieja y más pinta de bruja tengas, mejor. Es tan sencillo como que hay gente que vale, gente que tiene algo, y gente que no. Y es normal y lógico comprender que haya gente que no crea en el tema, es más, si no fuese yo quién tirase las cartas, sería imposible que me fiase, desconfío de prácticamente todas las personas que me hablan de estos temas, como les invito yo a desconfiar incluso de mi y de lo que diga. Es muy importante ver para creer. Pero hay veces que las cosas se salen un poco de quicio, y te sorprendes y mucho. Por ejemplo, actualmente siento cierta "manía persecutoria" de una de las cartas del tarot que, sin exagerar, ha aparecido en las últimas cuatro o cinco tiradas importantes, en posiciones digamos de cierto peso. Es difícil no sentir que hay algo que "la llama". De hecho, si aplicásemos estadística, estoy seguro de que te diría que efectivamente no hay ninguna aleatoriedad al salir esa carta.

Pero, a pesar de todo, me siento genial viendo cuando sale esa carta, es como si, pasara lo que pasase, siempre fuera a estar ahí.




Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis

miércoles, 16 de mayo de 2012

Los que realmente importan

Amanece un día precioso, soleado, que anima a las golondrinas a salir a cazar y a girar. También anima a escribir, todo sea dicho, a pesar de que a veces cuesta concentrarse en lo que uno quiere decir.

O quizás lo que realmente cuesta es no decir lo que uno desearía. A veces todo se reduce a eso, a las palabras que nos callamos, a los sentimientos que ahogamos en nuestro interior y dejamos que, silenciosos, aguarden hasta el momento de asaltarnos, normalmente cuando menos nos lo esperamos.

Y es que nos callamos tanto que quién sabe cómo sería el mundo si dijésemos lo que realmente queremos decir, cuando queremos hacerlo. Somos, en definitiva, bastante cínicos. Esto no es necesariamente malo, ya que a veces pequeñas mentiras solucionan problemas, pero he llegado a un punto que mi interior me prohíbe decir algo que realmente no sienta, pase lo que pase. En este tema, creo que he perdido todo miedo a posibles repercusiones, al fin y al cabo, ¿por qué iba a mentir a una persona? Por ella diría la verdad, lo cual es mucho más escaso hoy día.

Así, poco a poco, he llegado a donde estoy ahora. Se han ido quedando por el camino personas importantes, y otras personas de menor peso, pero he llegado lejos. Hemos llegado lejos, todos nosotros. Ayer lo hablaba con un amigo, a pesar de todo lo que está cayendo, de toda la ineptitud que existe en el mundo, hemos logrado formar una pequeña isla en este basto océano de tormentas que, si bien esta muy lejos de ser el paraíso terrenal, no podemos decir que no se trate de algo único. Todos sabéis lo idealista que soy, así que me gusta pensar que algún día, los que nos llamamos en su día Grandes Sabios, seremos reconocidos escritores, cada cual en su área, y será entonces cuando nos miremos, y sonreiremos satisfechos, porque recordaremos cómo fueron aquellos días sobre el Moldava.

Pienso que es precioso (y preciso) soñar, especialmente en estos temas. Ayuda a despejar la mente, y, al fin y al cabo, pienso que "sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos" (Ortega y Gasset). Por eso os motivo a todos los que os pasáis por aquí a tener algún hobby del que estar orgulloso el día de mañana, que os permita abstraeros en vuestro mundo interior y sacar lo mejor y lo peor de allí. Mi hobby, a pesar de lo que la gente pueda pensar, no es la escritura en este blog, o la poesía, o soñar, o querer. Mi hobby realmente es apoyar a las personas que realmente me importan. No hay nada que me reporte más alegría que cuando se requiere mi apoyo para algún tema personal. No hay nada que me guste más que una sonrisa de agradecimiento sincero.

Porque lo que realmente une a las personas no son sus cosas en común o sus días buenos gastados juntos, sino las veces que se han unido para luchar, los días oscuros que han invertido en ayudarse. Y al final, para saber lo que te importa realmente una persona, sólo tienes que medir lo que la echas de menos por cada día que pasa, lo que lamentas no poder pasar cada segundo con ella.

Pero al final de todo, lo relevante es que sabes que, en definitiva, quienes realmente importan van a estar ahí siempre, pase lo que pase.




Jesus Burgos Lobo
Semper Fidelis